miércoles, 19 de febrero de 2014

Estamos rodeados de basura, también en el espacio

No es poca la basura espacial, considerando que no hace mucho tiempo, en 1957, los soviéticos ponían el primer artefacto en órbita, el Sputnik: según estimaciones de la ESA (Agencia Espacial Europea), los desperdicios que orbitan nuestro planeta son unos 29 000 fragmentos de más de 10 cm, 670 000 mayores de 1 cm y más de 170 millones de 1 mm o más. Algunos de estos trozos de chatarra viajan a más de 56 000 km/h. Más aún:
"Cualquiera de estos objetos puede dañar una nave espacial operativa", dice Heiner Klinkrad, encargado de la Space Debris Office de la ESA.
"Una colisión con un objeto de 10 cm resultaría en una fragmentación catastrófica, un objeto de 1 cm podría dejar fuera de servicio una astronave de tamaño medio o atravesar los escudos protectores de la Estación Espacial Internacional, y uno de 1 mm podría destruir los sensores de un satélite".
En total, unas 6 300 toneladas de basura espacial. Cada año, entre 100 y 150 toneladas entran en la atmósfera, y la mayor parte se desintegra. Pero la cosa va in crescendo:

(Imagen: ESA)
 ¿Hay solución? Al menos hay propuestas para evitar el síndrome de Kessler: el escenario en que la cantidad de basura espacial impida cualquier lanzamiento al espacio debido al alto riesgo de fragmentación; desde satélites con ganchos para atrapar los restos y lanzarlos hacia la atmósfera para su incineración hasta recolectores para reutilizar en lo posible la chatarra.
De cualquier manera, apliquemos la máxima aquella que dice que "no es más limpio quien más limpia, sino quien menos mancha". Incluso en el espacio.





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